El yute se asocia habitualmente con sacos, embalajes, agricultura, construcción, decoración o protección de suelos. Sin embargo, sus propiedades están llevando a distintos equipos de investigación a estudiar aplicaciones mucho más técnicas.
Una de las más recientes consiste en utilizar tejido de yute humedecido en la parte posterior de los paneles solares para ayudar a reducir su temperatura mediante evaporación. La propuesta combina una fibra vegetal relativamente sencilla con sistemas de distribución de agua, sensores y control electrónico.
No se trata todavía de una solución comercial ampliamente implantada. Sin embargo, los resultados publicados indican que podría ser una línea de desarrollo interesante para instalaciones fotovoltaicas situadas en regiones especialmente cálidas y secas.
Los paneles solares necesitan luz, pero el exceso de calor reduce su rendimiento
Puede parecer contradictorio, pero una radiación solar intensa no siempre se traduce en el mejor comportamiento posible de un módulo fotovoltaico.
Los paneles necesitan luz para producir electricidad, pero cuando aumenta la temperatura de las células también se reduce su tensión eléctrica y, con ella, parte de la potencia que pueden entregar. El estudio publicado en Scientific Reports recoge para los módulos de silicio cristalino una pérdida habitual aproximada del 0,4 % al 0,5 % por cada grado que aumenta la temperatura de la célula por encima de 25 °C.
En climas áridos, la superficie del módulo puede superar ampliamente la temperatura ambiente y alcanzar valores superiores a 70 °C durante las horas centrales del día. El calor también puede contribuir, a largo plazo, al envejecimiento de determinados componentes del panel. Por este motivo, la gestión térmica de los módulos se ha convertido en un área activa de investigación.
¿Cómo se utilizó el tejido de yute?
En 2026, investigadores de Tunis University publicaron un trabajo en el que compararon dos módulos fotovoltaicos monocristalinos idénticos de 30 Wp: uno funcionó como panel de referencia y el otro incorporó un sistema de refrigeración en su parte posterior.
El sistema utilizó tres capas de tejido de yute colocadas con una orientación cruzada de las fibras. Entre las capas se instaló un pequeño circuito de tubos perforados encargado de suministrar agua. El tejido actuaba como una mecha: absorbía el agua y la distribuía por capilaridad sobre una superficie amplia.
Cuando parte del agua se evaporaba, extraía calor de la parte posterior del módulo. El principio es similar al de otros sistemas de refrigeración evaporativa, pero empleando una red capilar fabricada con una fibra vegetal.
El prototipo incluía sensores de temperatura, radiación, tensión y corriente, junto con un microcontrolador ESP32. La bomba no funcionaba continuamente. Se activaba durante 72 segundos cuando coincidían dos condiciones —una temperatura superior a 55 °C y una potencia inferior a 22 W— y después permanecía 1.800 segundos en espera.
Por tanto, el concepto estudiado no consiste simplemente en colocar una tela mojada detrás de un panel. Combina la construcción del tejido, su contacto con la superficie posterior, la distribución uniforme del agua y un sistema de control destinado a utilizarla únicamente cuando la refrigeración puede resultar útil.

Representación conceptual de una posible aplicación del tejido de yute en la refrigeración evaporativa de módulos fotovoltaicos. La imagen no reproduce el prototipo del estudio citado.
¿Qué resultados obtuvieron los investigadores?
Los ensayos se realizaron durante tres días despejados, del 14 al 16 de julio de 2025, bajo condiciones especialmente exigentes. La temperatura ambiente máxima alcanzó 45,4 °C y la irradiancia llegó a 848 W/m².
En el momento de mayor diferencia térmica, el módulo sin refrigeración alcanzó 75,5 °C, mientras que el módulo refrigerado se mantuvo en 54,1 °C. Esto representa una reducción máxima de 21,4 °C.
El estudio también registró, en un determinado momento de máxima exigencia, una potencia de 31,08 W en el módulo refrigerado frente a 22,13 W en el panel de referencia. La diferencia equivale a un incremento relativo máximo e instantáneo del 40,44 %.
Esta cifra debe interpretarse correctamente. No significa que el panel aumentase cuarenta puntos porcentuales su eficiencia ni que fuera a producir un 40,44 % más de energía durante todo el año. Es una comparación puntual entre dos pequeños módulos sometidos a las condiciones concretas del ensayo.
La eficiencia eléctrica absoluta pasó del 15,3 % al 16,8 %, es decir, aumentó 1,5 puntos porcentuales. El consumo de agua indicado fue de aproximadamente 0,14 litros por hora y metro cuadrado, y los investigadores recuperaron por drenaje el 81,3 % del agua suministrada que no se había evaporado.
No es un experimento completamente aislado
El interés del trabajo no depende únicamente de una cifra concreta. Lo más relevante es que se suma a investigaciones anteriores sobre el empleo de tejidos porosos y fibras naturales como soporte de refrigeración evaporativa.
El propio artículo de 2026 toma como antecedente un sistema basado en arpillera y capilaridad publicado años antes. En 2024, investigadores de Manipal Institute of Technology estudiaron también un sistema fotovoltaico refrigerado mediante tejido de yute y agua. En aquella configuración, el resumen científico comunicó una reducción máxima de temperatura del 15,7 % y una mejora máxima de potencia del 16,3 %.
Los resultados no son directamente comparables, porque cambian el tamaño del panel, el clima, el caudal, la colocación del tejido, el sistema de humectación y la forma de calcular la mejora. Sin embargo, la repetición del mismo principio físico en distintos ensayos refuerza la idea de que el yute merece seguir estudiándose como material funcional para la gestión térmica.
¿Por qué puede resultar interesante el yute?
El tejido cumple simultáneamente varias funciones:
- Absorbe y distribuye agua mediante capilaridad.
- Proporciona una superficie porosa sobre la que puede producirse la evaporación.
- Puede adaptarse a diferentes geometrías y dimensiones.
- Es una fibra vegetal renovable y biodegradable cuando no incorpora tratamientos que alteren estas características.
- Su coste puede ser menor que el de determinadas soluciones metálicas, electrónicas o basadas en materiales de cambio de fase.
El tejido empleado en el estudio de 2026 presentó una porosidad medida del 75 %, una conductividad térmica de 0,045 W/mK y una capacidad de retención de humedad del 62 %. Estos valores pertenecen a la configuración ensayada y no deben atribuirse automáticamente a cualquier tejido de yute.
Precisamente ahí puede encontrarse una parte importante de la futura investigación. No todos los tejidos se comportan de la misma forma. El gramaje, el número y grosor de los hilos, el ligamento, la abertura, el espesor, el acabado, la resistencia en húmedo y la orientación de las capas pueden modificar la velocidad con la que se absorbe, distribuye y evapora el agua.
La cuestión industrial ya no sería únicamente si el yute puede funcionar, sino qué construcción textil ofrece el mejor equilibrio entre capilaridad, contacto térmico, consumo de agua, durabilidad y coste.
Del prototipo a una aplicación industrial: qué falta por resolver
Los resultados son prometedores, pero el propio estudio reconoce limitaciones importantes.
Las pruebas duraron tres días y se hicieron con módulos de solo 30 Wp. Todavía deben realizarse ensayos estacionales, pruebas con módulos comerciales de mayor tamaño y validaciones durante periodos prolongados.
Los investigadores estiman una duración exterior del tejido de aproximadamente uno a dos años antes de su sustitución. Será necesario estudiar su comportamiento ante radiación ultravioleta, ciclos repetidos de mojado y secado, microorganismos, humedad ambiental, polvo y temperaturas extremas.
También se utilizó agua limpia. El empleo de agua dura, salobre o regenerada podría generar depósitos minerales, obstrucciones o cambios en la capacidad de absorción del tejido. Además, distribuir y recuperar agua de forma uniforme en miles de paneles es muy diferente a hacerlo en un pequeño prototipo.
Una aplicación comercial tendría que validar igualmente la seguridad eléctrica, el comportamiento frente al fuego, la compatibilidad con la garantía del fabricante del módulo, los sistemas de fijación, la limpieza, el mantenimiento y el balance real entre agua utilizada, energía consumida y electricidad adicional producida.
El papel de Deyute como proveedor de material
En Deyute trabajamos con el yute desde 1989 y suministramos tejidos en diferentes gramajes, calidades y anchos para múltiples aplicaciones. Seguimos este tipo de investigaciones porque muestran que una fibra tradicional puede adquirir nuevas funciones en ámbitos como la energía renovable, la ingeniería o la construcción sostenible.
Deyute no presenta actualmente un sistema comercial de refrigeración de paneles solares ni atribuye a sus propios tejidos los resultados obtenidos por los investigadores. Nuestro posible papel se encuentra en otra parte: aportar conocimiento del material, disponibilidad de diferentes construcciones textiles y capacidad de suministro para ensayos y desarrollos.
Podemos colaborar con empresas, universidades y centros tecnológicos en:
- Selección de tejidos existentes para pruebas preliminares.
- Preparación de muestras y cantidades destinadas a prototipos.
- Comparación de distintos gramajes, anchos, densidades y aberturas.
- Estudio de necesidades especiales de confección, formato o acabado.
- Definición de una especificación de suministro reproducible cuando el equipo técnico determine qué tejido ofrece mejores resultados.
Las propiedades relevantes deberán medirse y validarse para cada referencia y para cada configuración. En una aplicación técnica, no basta con identificar el material como “yute”: es necesario definir exactamente su construcción y sus condiciones de uso.
Una invitación a empresas y centros de investigación
Esta línea de trabajo puede ser de interés para fabricantes de módulos fotovoltaicos, empresas especializadas en refrigeración o gestión térmica, operadores de plantas solares, ingenierías, universidades, centros tecnológicos y desarrolladores de sistemas de aprovechamiento o recuperación de agua.
Las organizaciones que estén estudiando aplicaciones similares pueden contactar con Deyute para valorar tejidos, muestras o suministros destinados a pruebas piloto.
Los resultados citados en este artículo pertenecen exclusivamente a sus respectivos equipos de investigación y a las configuraciones que ensayaron. Deyute no los ha validado de forma independiente y no garantiza que se reproduzcan utilizando otros tejidos, módulos o condiciones ambientales.
Una fibra natural ante una nueva posibilidad
Todavía es pronto para saber si el tejido de yute llegará a incorporarse de manera habitual a los sistemas fotovoltaicos. No todas las instalaciones necesitan refrigeración, y cualquier solución debe demostrar que es segura, duradera, escalable y económicamente justificable.
Sin embargo, la investigación ya ha avanzado desde una idea teórica hasta distintos experimentos realizados en condiciones reales. En climas muy cálidos y secos, una red capilar de fibra natural podría llegar a formar parte de sistemas de refrigeración de bajo coste y consumo controlado.
El siguiente paso exige la colaboración de especialistas en energía solar, gestión del agua, electrónica, materiales y tecnología textil. Deyute quiere participar en ese proceso como proveedor especializado en tejidos de yute y como interlocutor para quienes deseen explorar nuevas aplicaciones de esta fibra.
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